
"Quisiera dedicarle este reconocimiento a una persona en especial que alguna vez me enseñó a ser agnóstico y a comprender el significado de las cosas, ella es mi abuelita"
Hablar del cine mexicano implica realizar un viaje a través del tiempo; recorrer muchas épocas y momentos memorables que han quedado plasmados en el celuloide de nuestra cinematografía nacional. Saltan a la mente directores, actores y actrices que aun gozan de un lugar privilegiado en el corazón de muchos mexicanos. Son ellos, los actores, los que han dado una promoción permanente a nuestro país en el extranjero. Sus películas fueron y son el espejo que nos permitió darnos a conocer como pueblo en muchos países de América Latina, Europa y el resto del mundo.
El ser humano más idolatrado de la historia reciente de nuestro país, Pedro Infante aún sigue siendo el Rey. A más de cuarenta años de su trágico fallecimiento, el Ídolo de Guamúchil nacido por cierto en Mazatlán- sigue presente en los hogares mexicanos gracias a la constante repetición de sus películas por la televisión.
Para muchos mexicanos, Infante representó lo que todo mexicano debía ser: hijo respetuoso, amigo incondicional, amante romántico, hombre de palabra. El concepto de "macho mexicano" alcanza en Infante una acepción difícil de comprender fuera de México. El "macho" de Pedro Infante no es un hombre violento, capaz de dañar a las mujeres. Por el contrario, es un pícaro simpático, inconstante, fiel a sus infidelidades, pero eso sí: con un gran corazón.

El recién ordenado padre Amaro llega al pueblo Los Reyes para iniciar su primer puesto el de ayudante al párroco padre Benito. Al llegar conoce a una chica guapa y pía Amelia la que trabaja en el restaurante de su madre y trabaja con los niños en la iglesia. Con tiempo—con muy poco tiempo—se dan cuenta de una atracción mutua. A pesar de la piedad de ella (y su novio escéptico) y a pesar del voto de castidad de él se ligan sigilosamente en una relación amorosa.
Al principio el padre Amaro se nos presenta como un sacerdote sincero, bondadoso, y generoso de tal modo que parece imposible aceptar que se rinda tan rápido a la tentación de meterse con Amelia sin concluir a la vez que lleva un aspecto completamente insincero y tiene el carácter podrido hasta el fondo.
El párroco padre Benito es un hombre simpático pero se ha guardado una amante desde hace muchos años. La amante por casualidad es la madre de Amelia (la cuestión de quién sea el padre de Amelia está dejada sin contestar). Peor aun el párroco está vinculado con un narcotraficante, un tal Chato Aguilar, él que contribuye cantidades de dinero al proyecto del padre Benito de construir un hospital.
El arzobispo que mandó al padre Amaro a la parroquia es un hombre lujoso y dado a la política y la intriga.